22.8.12

Son fascistas y no lo saben

Un grupito de los autoproclamados demócratas reales ha organizado, para el próximo día 25 de septiembre (25S, para los jóvenes) una ocupación del Congreso de los Diputados. Dicen que quieren quedarse allí hasta que se disuelva el Parlamento, dimita el gobierno y se abra un nuevo proceso constituyente. Como era de prever, los promotores del acto se declaran anticapitalistas, antineoliberales, antipatriarcales y antifascistas, entre muchas otras cosas. En el blog Zona Crítica, del futuro "eldiario.es", han entrevistado a estos anónimos representantes de la auténtica voluntad del auténtico pueblo. Y es una entrevista imprescindible para saber de qué hablamos y con quién nos las tenemos. Allí queda claro que, si la idea es como la que tuvieron los revolucionarios catalanes cuando asaltaron el Parlamento, también sus problemas son los mismos. Son problemas morales porque son intelectuales, porque apenas saben lo que dicen y porque lo que dicen está muy lejos de conformar un discurso mínimamente lógico y con sentido. Y el peor de los problemas es también el que era: que son fascistas y no lo saben.
Una de las cosas que quedan claras en esta entrevista es que el anonimato de la convocatoria tiene poco que ver con la renuncia a personificar o liderar un movimiento que, como todos los de su género, se pretende espontáneo y popular. Tiene poco que ver con la voluntad de respetar la auténtica voluntad popular. Tiene más que ver con el hecho de que expone el misterioso portavoz de los convocantes: "Algunos de nosotros ya estamos fichados y perseguidos suficientemente por todo lo que hemos hecho durante este año y pico o antes, y queremos protegernos". Es un discurso que nadie que tenga un poco de respeto por la ley se atrevería a pronunciar y mucho menos a aplaudir. Pero es un discurso que recuerda y deja muy claro que los revolucionarios de hoy en día están mucho más dispuestos a sacrificar al sistema y a todos los que se les ponga por delante (sean políticos, compañeros revolucionarios o cajeras de supermercado) que a sacrificarse por la revolución.
Yo creo, sinceramente, que es porque no saben qué es una revolución y porque si lo supieran seguramente no estarían dispuestos a hacerla. Y que por eso tampoco saben qué es un asalto o una ocupación del Congreso. Es así que los mismos que llaman a ocupar el congreso pretenden dejar muy claro que sólo han "convocado una acción masiva para rodear el Congreso". Que no quieren "entrar por la fuerza con Kalashnikovs ni nada de eso", que no quieren "asaltarlo". Que lo pasa es que necesitan "que no sea una manifestación más" y que es por eso que utilizan "un tipo de lenguaje que (les) ayude a llamar la atención".
Es una tentación recurrente de estos pequeños líderes intelectuales la de pretender poner el lenguaje al servicio de la revolución. Y esto sería simplemente deshonesto o ridículo si no fuera porque al final las cosas quieren decir lo que quieren decir y la gente no está por metáforas. Si no fuera porque cuando ellos llaman irresponsablemente a asaltar el Congreso la gente sólo puede entender que se les llama a asaltar el Congreso. Y no porque sea estúpida sino por todo lo contrario, porque la mayoría no tiene tiempo ni ganas de jugar con las palabras y por eso no se dejan confundir por la poética revolucionaria. Por decirlo así, estos poetas son los únicos que no entienden qué quieren decir cuando dicen que necesitan "que no sea una manifestación como otra" y que por ello hablan de ocupar el Congreso.
Son fascistas y no lo saben. Y son fascistas tanto en el fondo como en las formas. Son fascistas porque pretenden representar la auténtica voluntad del auténtico pueblo y porque para ello se otorgan una legitimidad que nadie les ha reconocido. Son fascistas porque ocupar el Congreso, disolver el Parlamento, hacer dimitir al gobierno y abrir un nuevo proceso constituyente es lo que se conoce con el nombre de Golpe de Estado. Y no saber que lo son no les hace más inocentes ni menos peligrosos. Si ahora vuelve a estar de moda que nos canten la canción del comunismo como una buena idea mal aplicada, quizás les tendremos que contestar que el fascismo era una metáfora estúpida demasiado bien aplicada. Que el fascismo siempre está a una metáfora de distancia. Y que por eso es mejor no forzar demasiado la retórica y debatir como debate el pueblo, que es precisamente lo que se hace en el Congreso.