21.9.12

El rey, la independencia y el President Mas

Es el trabajo del rey. No es el único, porque también es su trabajo asistir a inauguraciones, reunirse con otros jefes de Estado, de forma más o menos discreta según el jefe y el Estado, o ir a cazar elefantes, porque cuando uno es rey incluso una cacería de elefantes puede ser una cacería de negocios. Pero es el principal. Hoy como el 23F, el rey es el guardián de la Constitución. Y más bien parece que los que lo critican porque esta vez sí que se ha metido en política no entienden la naturaleza política de su tarea fundamental ni la naturaleza de lo que tenemos entre manos. El rey no debe implicarse en debates parlamentarios, pero esto que tenemos entre manos no es un debate parlamentario, sino su final. Es un acto fundamentalmente político y fundamentalmente violento, en el sentido, en el estricto sentido, de ser la violación, la rotura definitiva y unilateral, del orden constitucional vigente. Es normal que alguien que a este orden le debe el sueldo, el trabajo y en gran medida el sentido de su existencia luche por preservarlo. Y aún más que lo haga quien tiene el deber, legal y moral, de hacerlo.
La independencia es un acto grave y de graves consecuencias. Una gravedad y unas consecuencias que el discurso del rey ni siquiera se atreven a insinuar, pero que se supone que se irán haciendo cada vez más evidentes. Y no está nada claro que todos los que están dispuestos a gritar en favor de la independencia estén, a la hora de la verdad, si es que la hora de la verdad debe llegar, dispuestos a defenderla, en toda su crudeza y en toda su realidad. Por eso el debate sobre los números de la manifestación del 11 de Septiembre no es un debate estéril, sino fundamental. O de hecho, y para ser más precisos, sólo es estéril porque las discrepancias sobre las cifras, incluso las que hay entre los 300.000 y los dos millones, admiten dos lecturas radicalmente diferentes y de consecuencias totalmente contrarias. Como en el chiste de Eugenio, hay quienes piensan que son trillizos y quienes creen que sólo es un niño muy movido. Hay quienes creen que cada día hay más independentistas y que cada día habrá más y los que piensan que son la misma minoría de siempre o una minoría muy parecida a la de siempre pero mucho más convencida, mucho más movida y con mucho más apoyo mediático e institucional.
Quizás Rajoy tiene parte de razón cuando dice que el presidente Mas se ha dejado arrastrar por los acontecimientos. Mas planteó el pacto fiscal como el objetivo principal de la legislatura y ahora el pacto fiscal no parece posible ni suficiente. La realidad tiene estas cosas. A menudo los pueblos son más fuertes que sus dirigentes, los gobernados suelen ser ingobernables y por eso hay ocasiones, extrañas e incómodas, auténticamente extraordinarias, donde dejarse arrastrar por los acontecimientos es la decisión más valiente y responsable que puede tomar el gobernante. Valiente y responsable porque implica asumir como propia la responsabilidad de un proceso que no se controla y responder ante las urnas y ante la historia de los efectos imprevisibles de unos actos que ni siquiera son los suyos. Yo dudo que el nuestro sea uno de esos momentos. Y por eso creo que todo lo que podemos esperar de un partido que quiere gobernar y que por eso no debería estar dispuesto a declararse abiertamente independentista es que delegue la elección en los ciudadanos. Que apueste por el "derecho a decidir" y plantee la futura convocatoria de un referéndum de autodeterminación. Aunque quizás lo que caracteriza a los grandes líderes es su habilidad para oler los movimientos de la realidad, la dirección de los tiempos, y su capacidad de ser los más rápidos corriendo a favor del viento. Por eso, si la realidad se equivoca, la culpa será del President Mas.