14.9.12

La incierta gloria de una tarde de Septiembre

Ante todo, aquí hay que adoptar la precaución de los médicos, de no tomar nunca el pulso sin haberse asegurado que es el del paciente el que toman y no el propio ...

Virgilius Haufniensis

Terribas citó aquella famosa frase de Joan Sales, que dice que los catalanes llevamos 500 años haciendo el imbécil y que no debemos dejar de ser catalanes, sino que debemos dejar de ser imbéciles. Me parece que no traiciono el mensaje si entiendo que las palabras de Terribas venían a decir que para dejar de ser imbéciles los catalanes debemos ser independientes. Ya sé que no lo dijo así, y que tampoco es así como lo dijo Sales, pero me parece que ya nos entendemos. Es lo mismo que vino a decir Requejo, invitado por la Fundación Rafael Campalans, hace unas semanas. Tampoco lo dijo así. Dijo que él antes era idiota, no imbécil, y que ahora se había hecho independentista, no catalán. Pero me parece que lo entendemos así porque así es como quieren que lo entendamos. Y me parece que esto es terriblemente injusto con los imbéciles y con los independentistas. Me parece que todo el mundo sabe que ni la independencia ni el independentismo curan la imbecilidad. Y decir que debemos dejar de ser imbéciles antes de dejar de ser catalanes, o españoles!, no nos facilita mucho las cosas. Porque, a pesar de todo, dejar de ser catalanes o dejar de ser españoles es mucho más fácil que dejar de ser imbéciles.
Más bien parece que dejar de ser imbéciles es tarea para toda una vida y que los resultados son siempre inciertos. Que no sabemos si dejaremos de serlo y que no sabemos qué seremos cuando dejamos de ser imbéciles. Por eso me parece que el independentismo de toda la vida se equivoca cuando presume de haber dejado atrás la imbecilidad. Porque nunca se sabe y porque no lo necesita. Para luchar por la independencia puede creer tranquilamente que ayer, en Barcelona, ​​se manifestaba el pueblo de Cataluña. Y puede contar a todos y cada uno de los manifestantes como independentistas. Incluso a Duran Lleida. Puede creer que el pueblo de Cataluña es independentista y que lo único que hace falta es que el presidente Mas se presente a la reelección con un programa netamente secesionista. Puede no preocuparse por si esto le costaría la presidencia y puede dar por hecho que cualquier derrota del gobierno será una victoria del independentismo. Es por eso que cuando pide al presidente Mas que lidere el proceso de independencia puede olvidar que hay una tensión posible entre liderazgo y democracia, una tensión que puede dejar el líder sin pueblo y al pueblo sin un gobierno funcional. Y puede hacerlo tranquilamente porque, como dijo Joan Sales, "sólo triunfan los imbéciles, los incapaces de proponerse nada imposible." Quizá por ello toda gloria sea siempre incierta.